EL BLOQUEO EXISTE, EL PROGRESISMO TITUBEA...
- Allan Barboza-Leitón

- 6 days ago
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Lo ha reconocido el mismísimo Donald Trump. El bloqueo existe. Y no es metáfora ni eslogan: se trata de un andamiaje jurídico, económico y militar que asfixia a Cuba desde hace casi siete décadas, todos los benditos días de todos los benditos años. A estas alturas, negar su existencia o minimizar sus efectos no es ignorancia sino cinismo y complicidad. Pero no solo es el bloqueo. Son también las Leyes Helms-Burton y Torricelli, la inclusión de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, las amenazas de aranceles a quien ose comerciar con la Isla o enviarle una gota de petróleo, las miles de sanciones de todo tipo y el reciente decreto que declara a Cuba —una isla bloqueada, empobrecida y agredida— como "una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos". Algo tan absurdo como perverso.
Este entramado ilegal y extraterritorial tiene consecuencias dramáticas en la vida de millones de seres humanos. No es un asunto de estadísticas frías: son vidas limitadas, son familias separadas, son apagones, son décadas de desgaste y dificultades cotidianas. Y cuando Trump endurece estas medidas hasta el extremo de la crueldad, no hace más que ponerle rostro a una política de Estado: el arte de castigar a un pueblo por el pecado de querer ser libre e independiente.
Duele decirlo, pero hay que decirlo: una parte del progresismo latinoamericano —y costarricense en particular— ha caído en la trampa. Dicen oponerse al bloqueo, pero en el mismo párrafo repiten la cantinela de la Casa Blanca: "es que en Cuba hay una dictadura". No profundizan, no investigan, no cuestionan de dónde viene esa narrativa y a qué intereses tributa. Repiten estigmatizaciones como loros amaestrados y activan reflejos condicionados en audiencias que han sido bombardeadas por décadas de desinformación y campañas sucias.
¿Desde qué autoridad moral hablan? ¿Desde la "ejemplar" democracia costarricense? ¿Esa donde el ejercicio democrático se limita a meter una papeleta en una urna cada cuatro años? ¿Esa donde hasta los influencers progres trabajan para la dictadura mediática? ¿Esa en donde un puñado de millonarios controlan casi todos los medios de comunicación? ¿En donde la participación popular es un estorbo o una quimera y la protesta social se criminaliza?

Tampoco mencionan el Memorando de Mallory, el infame documento desclasificado en donde Estados Unidos admite que el objetivo no es solo debilitar a Cuba, sino "provocar el descontento y el derrocamiento del gobierno" mediante el hambre y la desesperación. Una estrategia que han venido cumpliendo al pie de la letra durante todos estos años. No hablan del permanente estado de guerra —mediática, militar, económica— al que ha sido sometida la Revolución Cubana desde su mismo nacimiento. No dicen nada del atentado del avión de Barbados, en donde murieron 73 civiles inocentes y cuyos autores gozaron de la protección gringa hasta el mismo día de su muerte. No recuerdan que durante la pandemia Estados Unidos impidió que Cuba comprara vacunas y respiradores. Y así por el estilo.
Y cuando reconocen —porque no pueden ocultarlo— que Cuba ha mantenido durante décadas los más altos índices latinoamericanos en materia de educación y salud, olvidan mencionar que eso ha sucedido A PESAR del bloqueo. Y lo más importante: que esa hazaña ha sido posible DE LA MANO del liderazgo revolucionario.
Cuba no es gobernada por santos, sino por humanos de carne y hueso. Escribió José Martí: "El hombre honrado tiene derecho al error". A pesar de todo, los cubanos siguen ahí, de pie, en las barbas del imperio que los agrede. Y si no fuera por esa agresión, por ese bloqueo criminal, por toda esa guerra económica sin cuartel, Cuba estaría mucho mejor que cualquier otro país de América Latina. No tenemos ninguna duda.
El bloqueo existe. Las agresiones no cesan. No se trata de castigar a un gobierno incómodo: se trata de disciplinar a un pueblo, de castigar un mal ejemplo, de impedir que el éxito de la revolución se convierta en un espejo donde otros pueblos latinoamericanos puedan mirarse. Lo mismo que en Venezuela.

¿Es válida la crítica honesta desde la izquierda? Absolutamente sí. La autocrítica y el debate fraterno son indispensables en cualquier proceso revolucionario que se precie de serlo. Pero hay momentos, canales y formas. En las condiciones actuales, la prioridad del pueblo cubano es no morir estrangulado. Y nuestra prioridad, como latinoamericanos solidarios, es no permitir que lo estrangulen. Volvamos a Martí: "Aquel que no tenga el valor para sacrificarse debería tener al menos el pudor de callar ante quienes se sacrifican". Hay quienes mejor harían guardando pudoroso silencio.
Para aproximarse a Cuba, para entenderla, para acompañarla, hay que hacerlo con la solidaridad por delante. Y con mucho respeto. Porque Cuba no es un laboratorio de teorías progresistas ni un campo de batalla para egos intelectuales. Cuba es un pueblo que resiste, que crea, que sobrevive y que nos recuerda, cada día, que otro mundo es posible, aunque el imperio entero, con su monstruosa crueldad, se empeñe en demostrarnos lo contrario.
Texto: Allan Barboza-Leitón | Director y Cofundador del Colectivo de Comunicación LaKanaya.



