No condenar el genocidio en Gaza: no condenar el bloqueo a Cuba y Venezuela.
- Luis Fonsagui

- 7 days ago
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El genocidio Palestino ha sido la cara pública de las operaciones imperiales en el siglo XXI. Aunque el genocidio no inició en el siglo XXI, su recrudecimiento luego del 7 de octubre del 2023 condujo todos los ojos a Gaza. Se nos demostró así que el imperio es grande y no tiene problema en ser visto.
En perspectiva, esto no es una novedad: Vietnam, Afganistán, Guatemala, Yugoslavia, Irak, Panamá, Corea, Somalia, Libia, las Islas Marshall, Guam, y un etcétera todavía largo, han sido víctimas de agresiones estadounidenses de distinto tipo. Así, la lista de países agredidos incluye a todos los continentes.
Con ese contexto, el movimiento de solidaridad con Palestina ha conseguido expandirse en casi todos los países del mundo, promoviendo el envío de remesas, la difusión de información, la concientización y la generación de presión sobre los gobiernos ,muchas veces sin éxito, para oponerse al genocidio y, con ello, al orden imperial.
Pero ¿qué es ese orden imperial? ¿Cuáles son sus propuestas? En términos generales, la dominación y la supremacía. Las agresiones a los países antes mencionados lo manifiestan de diversas formas: desde la experimentación biológica y nuclear en las Islas Marshall, pasando por causas petroleras y energéticas como en Irak, el control de tierra cultivable en Guatemala, o el uso de Chile como laboratorio económico. Todo ello, además, enmarcado en la lógica de la esfera de seguridad nacional estadounidense y el anticomunismo.
Así se revela el carácter pragmático de las operaciones e intervenciones imperiales. No se trata únicamente de un deseo abstracto de destrucción, sino de motivaciones económicas y estratégicas concretas. Pero también hay destrucción. La política migratoria reciente de los Estados Unidos deja en evidencia un estrato supremacista de ese régimen: el ICE recorriendo las calles, deteniendo personas de fenotipo no caucásico y enviándolas a campos de concentración, constituye la Gestapo de nuestro tiempo.
Estas agresiones, incluidas aquellas que ocurren dentro del propio Estados Unidos, no son una suma de hechos horribles y aislados, sino el funcionamiento sistemático de un régimen orientado a la dominación. Un régimen que se vale del sometimiento humano, la inestabilidad política, el financiamiento de guerras civiles, la guerra psicológica y las sanciones económicas, entre otras tácticas.

De este modo, aunque los métodos varíen, a veces económicos, a veces militares, a veces políticos, el fondo ideológico es siempre el mismo. Llegamos entonces a un tema que no se quiere, e incluso que no se permite, mencionar: el bloqueo económico a Cuba y Venezuela. Cuando se habla de estos países, se habla de dictaduras cruentas y del fracaso del socialismo. Y si alguien se atreve a mencionar el bloqueo económico, es acusado de cambiar de tema o presionado para admitir culpas. Sin embargo, hablar de las crisis que han atravesado estos países sin hablar del bloqueo carece de todo sentido.
Antes de ceder o conceder puntos a los fascistas, es necesario plantear preguntas. ¿Por qué prohibirle a un país importar comida o medicinas, sino para impedir que su población se alimente o trate enfermedades perfectamente curables? ¿Para qué, sino para matar de hambre y de enfermedades tratables? Preguntar por el bloqueo económico se vuelve así una forma de desnudar las verdaderas intenciones del imperio.
Otra pregunta inevitable es por qué, si las consecuencias del bloqueo económico son tan devastadoras, cuando se habla de crisis humanitarias se omite sistemáticamente el bloqueo. ¿Por qué, si al ver caer bombas sobre Gaza exigimos detener el flujo de armas a Israel, y si al ver a la población gazatí morir de hambre reclamamos la entrada de ayuda humanitaria, cuando las poblaciones de Cuba y Venezuela comenzaron a sufrir hambre no surgió la misma indignación contra el bloqueo criminal?
La respuesta no es, en principio, mezquina. Salvo los funcionarios de la guerra, no hay ser humano que haya encontrado alegría en el hambre, la muerte y el éxodo masivo que han vivido los pueblos de Cuba y Venezuela. Sin embargo, se nos ha intentado impedir hablar de que, si no ha habido comida, es porque existe un bloqueo a la comida. Se nos ha obligado a usar la palabra “dictadura” sin poder preguntar por las medidas de desestabilización política aplicadas contra estos países. Se nos ha dicho qué palabras usar y cuáles evitar.
Mientras tanto, las sanciones económicas en el mundo, desde 1971, han causado la muerte de más de 28 millones de seres humanos. ¿Por qué no usar las palabras adecuadas? Los bloqueos económicos tienen como objetivo la exterminación de los pueblos. ¿Por qué no hablar, entonces, de genocidio?
Hoy es necesario decirlo con claridad. Cuba y Venezuela, en América Latina, han sido sometidas a políticas de carácter genocida. No hablar de los sufrimientos producidos por el imperialismo es no hablar de Gaza.
Luis Fonsagui. Filósofo, analista político y cofundador del Colectivo de Comunicación LaKanaya.



