FEMINISMO, DISCAPACIDAD VISUAL Y PEDAGOGÍAS DE LA DEPENDENCIA EN COSTA RICA
- Emily Montero Guzmán

- 7 days ago
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En los últimos años, el feminismo ha abarcado diversas problemáticas sociopolíticas, como el racismo, la discriminación hacia la población LGBTQ+, la migración, entre otras. Sin embargo, existe una dimensión frecuentemente invisibilizada: la intersección entre el feminismo y la discapacidad. Las mujeres con discapacidad, especialmente aquellas en condición de discapacidad visual, han quedado al margen de muchas luchas sociales, siendo objeto de una “pedagogía de la crueldad” que las despoja de su autonomía y subjetividad.
Rita Segato, en su obra "Contra-pedagogías de la crueldad", describe cómo las mujeres son instruidas en una pedagogía que las reduce a objetos disponibles para el poder masculino, donde el cuerpo femenino es marcado y disciplinado como un espacio de control y sometimiento. Segato sostiene que la violencia de género no es un hecho aislado, sino una expresión de poder estructural que se manifiesta en prácticas que cosifican la vida y la reducen a mercancía (Segato, 2018). Esta pedagogía de la crueldad puede observarse también en determinados espacios de la educación especial, donde la perspectiva de género aparece fuertemente masculinizada, reproduciendo estructuras de poder que limitan la agencia de las mujeres con discapacidad.
En Costa Rica, el modelo de educación especial presenta profundas limitaciones desde una mirada filosófica y feminista que van más allá de la segregación de género. El sistema educativo, si bien ha avanzado en ciertos aspectos de inclusión, aún reproduce prácticas que fomentan la dependencia y la invisibilización de las mujeres con discapacidad. Por ejemplo, la educación especial tiende a enfatizar un modelo médico y rehabilitador, centrado en “corregir” o “compensar” las discapacidades, en lugar de cuestionar y transformar las estructuras sociales que generan exclusión.
Además, el currículo y las metodologías aplicadas suelen estar descontextualizados de las realidades de las mujeres con discapacidad visual, ignorando la complejidad de sus experiencias interseccionales y relegándolas a roles pasivos o asistenciales. Se mantiene un enfoque paternalista en el que la autonomía se limita bajo la excusa de la protección, perpetuando así relaciones de subordinación.

Prácticas como la segregación en aulas especiales o en talleres de habilidades básicas, sin una integración efectiva en espacios educativos regulares, refuerzan la idea de que estas personas son “otras” o “diferentes”, incapaces de participar plenamente en la sociedad. Este modelo, además, carece de una perspectiva de género crítica que cuestione los estereotipos de feminidad y masculinidad que atraviesan la discapacidad, como lo evidencia la rigidez con la que se imponen roles y expectativas diferenciadas según el género.
La clasificación de productos tiflotécnicos —herramientas y dispositivos diseñados para personas con discapacidad visual, como bastones, lupas electrónicas, lectores braille, entre otros— se realiza con base en criterios técnicos y funcionales y, en algunos casos, según características demográficas de los usuarios, incluyendo el género.
En Costa Rica, esta clasificación ha incluido categorías “masculinas” y “femeninas” para ciertos productos, como los bastones guía, fundamentándose en supuestas diferencias ergonómicas y estéticas. Por ejemplo, se argumenta que las mujeres prefieren bastones más livianos, con diseños o colores específicos que se adecuen a una imagen corporal femenina socialmente construida. Sin embargo, esta división resulta altamente problemática desde un enfoque feminista, ya que reproduce estereotipos que limitan la autonomía y refuerzan normas tradicionales de género. Esta práctica invisibiliza la diversidad real dentro de cada grupo y no considera que las necesidades individuales pueden variar más allá del género, afectando negativamente la experiencia y el acceso equitativo a productos que deberían facilitar la independencia.
El Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (CONAPDIS) ha desarrollado diversos estudios e informes que evidencian desigualdades significativas en la autonomía y la independencia entre hombres y mujeres con discapacidad. Datos recientes derivados de la Encuesta Nacional sobre Discapacidad (ENADIS) muestran que las mujeres constituyen la mayoría de la población con discapacidad en el país, representando aproximadamente el 57,9 % del total, mientras que los hombres representan el 42,1 % (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INEC], 2024). Además, estudios institucionales señalan que las mujeres con discapacidad enfrentan mayores barreras estructurales en el acceso a educación, empleo y tecnologías de apoyo, factores que inciden directamente en su nivel de autonomía cotidiana.
Estas cifras reflejan la influencia de las presiones sociales y culturales que limitan la independencia femenina. Mientras que los hombres tienden a enfrentar menos restricciones sociales relacionadas con la imagen corporal, el cuidado personal y las expectativas de rol, las mujeres enfrentan una doble carga: la discapacidad y los mandatos normativos de feminidad que con frecuencia las relegan a la pasividad y la dependencia.
Este escenario respalda la necesidad urgente de que el feminismo y las políticas públicas integren un enfoque interseccional que considere no solo la discapacidad, sino también la forma en que el género modula las experiencias de exclusión y autonomía.
La interseccionalidad, concepto desarrollado por Kimberlé Crenshaw, permite comprender cómo diferentes formas de opresión se interrelacionan y afectan de manera específica a las mujeres con discapacidad (Crenshaw, 1989). Sin embargo, el feminismo ha sido relativamente lento en integrar plenamente esta perspectiva, lo que ha dejado a las mujeres con discapacidad en una posición de doble marginalidad.
Una de las críticas relevantes al feminismo en relación con la discapacidad fue realizada por María Pérez Cruz en su artículo "Teoría feminista y discapacidad: un complicado encuentro en torno al cuerpo." En este trabajo, la autora señala las limitaciones del feminismo para abordar las realidades de las mujeres con discapacidad, quienes con frecuencia son representadas como asexuadas, pasivas o víctimas permanentes (Pérez Cruz, 2008).
En consecuencia, resulta imperativo que el feminismo amplíe su mirada para incluir las experiencias y luchas de las mujeres con discapacidad. Esto implica una revisión crítica de las estructuras educativas, sociales y culturales que perpetúan su invisibilidad y subordinación. Solo así será posible construir una sororidad auténtica y un discurso inclusivo que verdaderamente abarque a todas las mujeres.
Sobre la autora: Emily Montero Guzmán | Estudiante de filosofía, Vanguardista. Defensora de los procesos revolucionarios de América latina.
Referencias:
Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex: A Black feminist critique of antidiscrimination doctrine. University of Chicago Legal Forum, 1989(1), 139–167.
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2024). Encuesta Nacional sobre Discapacidad (ENADIS) 2023: Resultados generales. INEC.
Pérez Cruz, M. (2008). Teoría feminista y discapacidad: Un complicado encuentro en torno al cuerpo. Feminismo/s, (12), 87–102.
Segato, R. L. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo.
[Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autora y no representan necesariamente el punto de vista de LKNY]


