top of page

EL PAPEL DEL FEMINISMO DE MASAS FRENTE A LAS NUEVAS OFENSIVAS FASCISTAS

  • Writer: Mónica Salas Chaverri
    Mónica Salas Chaverri
  • Apr 4
  • 7 min read
50 aniversario de la Cooperativa de Autogestion Coopesilencio, Savegre de Quepos, Costa Rica.
Marcha feminista, San José. Fotografía: Colectivo de Comunicación LaKayana.

Suele aparecer, sobre todo en cada 8M, una pregunta que a veces aparece de forma explícita y otras veces de forma implícita: ¿por qué hablar desde nuestra posición como mujeres feministas socialistas?


Hablar desde el feminismo siendo mujer implica partir de una experiencia histórica de subordinación, pero no para encerrarnos en ella ni para construir una política exclusivamente para mujeres, sino para comprender mejor cómo funciona un sistema estructural que produce desigualdades sobre las mayorías. Los feminismos nos han enseñado que la desigualdad entre hombres y mujeres no es un problema individual ni meramente cultural, sino parte de una arquitectura social que organiza la vida de toda la sociedad. Por eso el feminismo no puede ser una lucha meramente sectorial, sino que debe convertirse en una perspectiva desde la cual entendamos las formas profundas de explotación propias del capitalismo.


El patriarcado ha sido funcional a este sistema porque facilita el suministro de trabajo no remunerado que sostiene invisiblemente la extracción de plusvalía. Y este se trata de una jerarquía masculina que organiza las relaciones políticas, sociales, económicas, religiosas y culturales, concentrando la autoridad en los varones y reservándoles históricamente los espacios de dirección y dominio a través de la opresión sobre las mujeres. He aquí una primera premisa: mientras el capital explota, el patriarcado oprime; y trabajan de la mano.


Analizar esta estructura es indispensable, porque los hombres son beneficiarios de ciertos privilegios, pero al mismo tiempo están condicionados por determinaciones estructurales de un sistema opresor. Y las mujeres, siendo las principales damnificadas, también podemos reproducir los mandatos de género. Pensemos en Laura Fernández o en la nueva Asamblea Legislativa en Costa Rica con mayoría de mujeres: la presencia femenina en espacios de poder no garantiza por sí misma una agenda emancipadora.


Por eso, desde los feminismos no podemos limitarnos a denunciar injusticias aisladas o violencias individuales, sino que nos corresponde también estudiar cómo las estructuras históricas de dominación han permitido la acumulación capitalista y la desposesión de las mayorías.


Una alianza estructural


Desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, las mujeres socialistas empezaron a observar la necesidad de cambiar las condiciones desiguales y desarrollaron herramientas teóricas para comprender la relación profunda entre capitalismo y patriarcado. Permitiéndonos hoy diferenciar dos dimensiones centrales: i. Existe un espacio de reproducción del valor o valor del capital, y ii. Existe otro donde se da la reproducción social de la fuerza de trabajo a través de la división sexual del trabajo. Estas elaboraciones no contradicen la economía política de Marx, sino que la amplían al mostrar que el capital no es indiferente al género. Ellas profundizaron en la economía política crítica al señalar que el capitalismo depende estructuralmente del trabajo reproductivo.


Repasemos. La reproducción social del trabajo incluye todos los procesos necesarios para sostener diariamente la vida: el cuidado, la alimentación, la crianza, la limpieza, el mantenimiento de los hogares, el acompañamiento emocional. Sin ese trabajo, históricamente invisibilizado, no existiría la fuerza de trabajo que el capitalismo necesita para funcionar. O sea, que el capitalismo siempre ha dependido de este trabajo reproductivo, pero lo ha marginado, no lo ha reconocido, y lo descarga sobre sectores invisibilizados.


Una dualidad para reflexionar


Corrientes feministas han propuesto visibilizar esa reproducción social del trabajo (denominado trabajo doméstico) y exigir su reconocimiento económico, señalando que si este fuera remunerado representaría una parte enorme de la riqueza nacional y mundial, ya que las mujeres entregamos gratuitamente millones de horas de trabajo al sistema de acumulación. Pero esta cuestión abre debates profundos dentro de los mismos feminismos. Otras corrientes insisten en que el problema no es solo el reconocimiento económico, sino que la organización social misma de los cuidados debe transformarse. Desde esta perspectiva, la emancipación de lxs oprimidxs requiere construir formas sociales alternativas donde el trabajo reproductivo y los cuidados se distribuyan colectivamente y se valoren socialmente desde otras lógicas.


Esta dualidad expresa un problema político central que debemos debatir, ¿hasta qué punto debemos exigir soluciones estatales o construir alternativas autónomas posicionando la transformación como eje revolucionario? Si el capital expulsa violentamente todo lo que no entra en su lógica, pero lo que queda afuera no desaparece, cabe preguntarse: ¿se puede autogestionar la vida de los cuidados? Por ejemplo, impulsando cooperativas del cuidado en los barrios.


Desde el feminismo de clase debemos construir, a partir de la experiencia de las mujeres que vivimos en un sistema opresor, un proyecto emancipador de carácter universal. Si las mujeres luchamos contra la subordinación es porque aspiramos a una sociedad sin subordinación para nadie. O sea, un proyecto universal de transformación social que no esté regido por la producción del valor económico.


Marcha feminista, San José. Fotografía: Colectivo de Comunicación LaKayana.
Marcha feminista, San José. Fotografía: Colectivo de Comunicación LaKayana.

El fascismo del siglo XXI


Hoy vivimos en un sistema civilizatorio de muerte, que se sostiene sobre la destrucción de la vida humana y no humana. El neoliberalismo ha agudizado esta dinámica, y el patriarcado ha operado como elemento de estabilidad social por la forma en que distribuye el poder. Sin embargo, este sistema de acumulación infinita ha llegado a puntos de crisis como el estallido financiero de 2008 o la incapacidad de atender la atención de la pandemia del COVID-19 con sistemas privados de salud, demostrando que es un sistema incapaz de garantizar la vida humana.


Ante el debilitamiento del Estado de bienestar, la reproducción social se ha trasladado con más peso hacia los hogares, generando lo que muchas feministas han llamado una crisis de los cuidados. Los feminismos de masas empezaron a politizar esas condiciones de vida para hacer frente a estas ofensivas neoliberales, posicionando el lema "poner la vida en el centro".


Con este sistema capitalista en crisis, con condiciones materiales deplorables para las mayorías y con una izquierda que promete más y entrega menos, se crean las condiciones propicias para el resurgimiento de la derecha fascista. En un momento donde la conflictividad social se repliega y la clase obrera está a la defensiva, el proceso de fascistización avanza y los partidos fascistas se convierten partidos de masas. Ese fascismo aprovecha el descontento de las clases trabajadoras y lo canaliza estratégicamente. Su estrategia es ponernos a pelear entre hermanxs de la misma clase, entre pueblos: "Tu problema no es el saqueo del capital financiero o la dominación de un 1% de la población sobre el resto, sino que tu problema son las personas en peor situación que vos, otros trabajadores, lxs migrantes, las mujeres". Así, el sistema de acumulación queda intacto porque nadie lo cuestiona.


Las derechas renovadas han logrado capitalizar ese descontento, ellos saben politizar la frustración masculina orientándola contra chivos expiatorios: feministas, personas LGBTIQ, migrantes. Y así, han logrado reclutar un ejército de hombres enfadados contra el feminismo y las mujeres. Uno de los rasgos más característicos del voto a las extremas derechas es su altísima masculinización. Veamos el ejemplo con el voto de los varones jóvenes que fue significativo para el ascenso de Milei en Argentina y el preludio del triunfo de Trump.


El capitalismo, estando en un momento salvaje, va a tope contra nosotras porque nuestra mera existencia como movimiento sociopolítico pone en cuestión sus privilegios. Ya que planteamos: i. Poner la vida en el centro, que se contradice con las lógicas imperiales y belicistas; es decir nos oponemos a sus nuevas agendas de la guerra imperial, los bombardeos contra territorios soberanos, más bases militares, los secuestros presidenciales, los genocidios transmitidos en vivo, los bloqueos económicos que son armas de destrucción masiva. Y ii. Cuestionamos la organización misma de la vida social, que siempre nos ha excluido, y objetamos quién sostiene la vida y quién produce riqueza a costa de quienes.


La pedagogía de la pregunta


Preguntarnos es fundamental para la transformación cultural, superar la racionalidad moderna, colonial y patriarcal pasa por construir respuestas colectivas con seriedad y profundidad. Hasta ahora los feminismos se han organizado en espacios separatistas o solo de mujeres, por eso corresponde preguntarnos: ¿Por qué hay hostilidad de los jóvenes hombres hacia el feminismo? ¿Por qué no sabemos llegarles desde el feminismo a esos sujetos políticos capaces de llevar a la presidencia a esos hombres?


Si la lucha feminista debe enfrentarse a un sistema de género que nos adoctrina de forma diferenciada y prescribe comportamientos y destinos sociales distintos para hombres y mujeres, ¿Hasta qué punto se puede combatir ese sistema sin combatir todos los mandatos de género? ¿Podrían las mujeres liberarse del patriarcado si no se liberan también los hombres? ¿Pueden los hombres ser más libres sin combatir junto a nosotras la desigualdad?


Quizá debemos replantearnos cosas que dábamos por sentado. Un feminismo con perspectiva de clase no puede pensar a los hombres solo como ganadores. Debemos cuestionar la excesiva homogeneización de los hombres y poner de relieve las jerarquías y relaciones de dominio que existen también en el territorio de la masculinidad. Es problemático sostener que todos los hombres, igualados por el patriarcado, participan por igual de la superioridad política, económica y social. El patriarcado genera soledad, silencio, incomunicación, violencia, suicidios y muertes en la población masculina.

Entonces, el feminismo debe politizar en clave transformadora todos esos malestares, ya que, si no lo hacemos en el movimiento feminista, lo seguirán haciendo las derechas renovadas.


Dos claves para un contexto fascista


Considero fundamental dos cosas en este contexto: primero, debemos llevar a cabo una política de alianzas de carácter anticapitalista; segundo, nos corresponde evitar la minorización, sino que debemos buscar términos universales, porque las minorías no existen como tales, son subjetividades hegemónicas dominantes. A las feministas socialistas nos corresponde colocar como prioridad la clase, entendiendo que el sexo y la raza no son exteriores a ella, sino que pertenecen a la lógica de acumulación de capital y, por tanto, a la lucha de clases. Esto no significa abandonar la interseccionalidad, pero en este contexto las políticas de la identidad no pueden combatir la hegemonía ni mediar su subjetividad hacia la universalidad común que es la clase.


Si hoy desde los feminismos no hacemos política de clase, en términos de alianza de los diversos, no hay forma de combatir el fascismo. Necesitamos aliadas y aliados para llevar adelante una transformación radical. El feminismo de masas como contrapoder real debe convertirse en herramienta fundamental para enfrentar estas nuevas ofensivas, pero solo si se construye como proyecto universal y popular. Este feminismo de clase no solo piensa en cómo están las mujeres más oprimidas, sino debe ser un proyecto de liberación para toda la humanidad, de transformación social estructural.


Nos corresponde preguntarnos y responder colectivamente para diseñar alternativas desde nuestro país y para el país. Construyamos un feminismo de masas costarricense, comunitario, diverso, participativo, anticapitalista, solidario con lxs explotadxs y lxs oprimidxs, que busque transformar la sociedad toda, que sepa reconocerse en el dolor del otrx, para superar por completo la lógica de que la producción de valor económico y la ganancia están en el centro; porque lo que debe estar en el centro son la vida y su reproducción.


Mónica Salas Chaverri | Colectivo de Comunicación LaKanaya [LKNY]



¡Síguenos en nuestras redes sociales!

Estamos en X, Facebook, Instagram, TikTok, Spotify,

y también en Youtube | @lakanayapodcast   

  • Instagram
  • TikTok
  • Youtube
  • Spotify
  • X
bottom of page