VICTORIA AMARGA, LAURA FERNÁNDEZ GANA LA PRESIDENCIA PERO NO LOGRA EL PODER TOTAL
- Colectivo de Comunicación LaKanaya

- Feb 10
- 5 min read

Análisis político de los resultados electorales del 1 de febrero de 2026 | Colectivo de Comunicación LaKanaya. Las cosas salieron mal, tal y como esperábamos. Laura Fernández, heredera política del proyecto rodriguista, ganó las elecciones presidenciales del pasado 1 de febrero. Sin embargo, en un giro que contiene una pequeña pero crucial rendija de esperanza, las cosas no les salieron tan bien como a ella y a Rodrigo Chaves les hubiera gustado. Su victoria no es el triunfo aplastante que soñaban, y el mapa político que emerge de las urnas impone límites claros a su ambición de desguazar el Estado.
Es un hecho innegable: ellos ganaron. Pero la lectura fría de los números revela una realidad más compleja. Apenas un tercio del electorado les entregó su voto, un mandato popular débil para un proyecto que prometía transformaciones radicales. El verdadero objetivo, la gran batalla silenciosa de esta elección, no era solo la presidencia sino el control absoluto del congreso. Y ahí, el proyecto ultraderechista tropezó.
El partido de Laura Fernández absorbió los apoyos de las demás candidaturas de la extrema derecha, pero solo logró 31 diputados. Esto le da una mayoría simple, pero no la mayoría calificada de 38 votos necesaria para hacer reformas de calado profundo, cruciales para su agenda. Ni Tercera República ni cambios constitucionales. Laura Fernández está ahora "metida en un zapato": ya no tiene la excusa de un congreso opositor, pero carece del poder legislativo para concretar sus planes más profundos de desmantelamiento estatal. Se trata por lo tanto de un triunfo a medias.
No debemos pues caer en el pánico ni el derrotismo, pero tampoco pecar de ingenuos: ellos ganaron, y tienen poder. Una vez superada la etapa de preguntarnos qué pueden y qué no pueden hacer con sus 31 votos será necesario visualizar por donde van a empezar, con la certeza de que estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para lograr sus objetivos.
La composición del nuevo congreso es el dato político más importante. Los 31 diputados oficialistas se enfrentarán a un bloque que, aunque heterogéneo, no es suyo: 17 diputaciones del Partido Liberación Nacional (socialdemócrata histórico), 7 del Partido Frente Amplio (amplio, muy amplio), 1 de la Coalición Agenda Ciudadana (antiguo Partido Acción Ciudadana) y 1 del Partido Unidad Social Cristiana (la otra pata del bipartidismo histórico).

El "trinomio progresista", como lo llamamos, es ahora la primera línea de contención (PLN + PFA + CAC). La pregunta que define el futuro inmediato es: ¿resistirán la embestida? La historia reciente nos hace desconfiar. Vimos a una parte del Frente Amplio votar a favor del CECOT tico (el Centro de Alta Contención de Crimen Organizado, CACCO) o de las mociones contra Cuba y Venezuela presentadas por Fabricio Alvarado y Eliécer Feinzag, y dar sus votos para permitir la extradición de costarricenses a los Estados Unidos cuando desde allá se acuse de terrorismo o narcotráfico, las mismas acusaciones demostradas falsas con las que cometen sus crímenes supremacistas en nuestro Mar Caribe. ¿Seguirán por la senda de arriar las banderas ideológicas y hacer propios los marcos de interpretación y las narrativas de las clases dominantes?
El PLN, por su parte, está lleno de diputados bisoños, formados en la lógica neoliberal, el perfil perfecto del "tonto útil" o corruptibles. De Claudia Dobles no esperamos más que lo que esperaríamos de Carlos Alvarado. Y de la Diputada Abril Gordienko, del PUSC, que viene de las filas del Movimiento Libertario de Otto Guevara, podemos inferir que ideológicamente está más cerca de Laura Fernández que del trinomio progresista. La extorsión, la persuasión y la presión sobre estos diputados, para rasguñar los 7 votos que les faltan, será la tónica de los próximos meses.
Más allá de la victoria de Laura, estos comicios dejaron una estela de derrotas reveladoras. Figuras como Fabricio Alvarado, Eli Feinzag, Juan Diego Castro, José Aguilar Berrocal y Natalia Díaz, abanderados del discurso fascista más puro, quedaron fuera del congreso. Su fracaso es un mensaje claro: el pueblo costarricense no es fascista.

Los votantes de Laura Fernández no son, en su mayoría, de ultraderecha. Son, como pudimos constatar en los centros electorales que visitamos, gente humilde y cansada de una “democracia” que nunca llegó a sus barrios. Cansada con razón de que el PLAC y el PLUSC administraran la miseria y el abandono. Este cansancio legítimo fue capitalizado por un proyecto que ofrece soluciones falsas y autoritarias. Celebrar que el fascismo duro no caló más profundamente es reconocer que aún hay un piso social sobre el cual construir.
Ante este escenario, la pregunta es obligada: ¿y ahora qué?. No hay certezas, pero sí caminos a seguir. El desgaste del rodriguismo y la contención de su agenda dependerán en buena medida de la capacidad que tengamos de ejercer una presión sostenida sobre las diputaciones del trinomio progresista, y presencia en las calles. Evitar que consigan los 38 votos es la tarea inmediata. Evitar que destrocen el país se conseguirá desde las aceras, no solo desde las curules.
Debemos exigir a la izquierda parlamentaria claridad ideológica y valentía. El tiempo de las "blandenguerías" debe quedar atrás. Quienes, por cálculo o miedo, pretendan quedar bien con Dios y con el diablo, serán barridos por la cruda realidad (a los resultados de la presidencial nos remitimos). Al fascismo y al imperialismo hay que nombrarlos y enfrentarlos como a los enemigos que son. Lo decimos claramente: quienes quieran instalar una dictadura en Costa Rica, así como quienes agreden militar y económicamente a los pueblos nuestroamericanos, son y serán siempre nuestros enemigos.
Y es fundamental construir una alternativa real al neoliberalismo. Ganar tiempo en el congreso es solo una estrategia de contención. El objetivo último debe ser construir, desde las bases y desde los territorios, esa democracia popular, socialista y participativa que nuestro pueblo merece, y que es la única salida verdadera del atolladero en el que nos han metido. Laura Fernández ganó la presidencia, pero no ganó el país. Su proyecto no obtuvo la legitimidad popular abrumadora ni el control total del poder que anhelaba. Estamos ante un escenario malo, pero no el peor. Estamos ante un escenario de resistencia posible.
La derrota del 1 de febrero fue amarga pero estaba cantada y no nos sorprende. Desde nuestra trinchera comunicacional seguiremos develando los hilos del poder, señalando a los cobardes y traidores, y apostando por la única fuerza capaz de revertir esta pesadilla: el pueblo organizado, consciente y en lucha. En LaKanaya sabemos que la historia aquí no termina sino que recién comienza. La batalla contra el fascismo entra en una nueva fase. Y en esa batalla no retrocederemos.
Colectivo de Comunicación LaKanaya [LKNY]



