LLAMAMIENTO A MOVILIZAR ESFUERZOS CONTRA LA MILITARIZACIÓN DE COSTA RICA [LKNY]
- Colectivo de Comunicación LaKanaya

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"Actualmente se venden en los Estados Unidos acciones sobre los territorios de Centroamérica que Walker piensa conquistar. Veremos cuáles de esas acciones se hacen primero efectivas. Los terrenos de Costa Rica se podrán adjudicar cuando haya muerto el último de los naturales."
Juan Rafael Mora Porras | Puntarenas, 8 de mayo de 1856.
Septiembre, mes de la patria. A vos también te enseñaron a celebrar una independencia que al pueblo de Costa Rica no le costó sangre. Una independencia engañosa, lejana y rara, que llegó a caballo, meses después, sin disparos ni grandes turbulencias. Creciste, igual que nosotrxs, entre faroles, desfiles y discursos vacíos de los políticos de turno. No sabemos si con el correr del tiempo ya te habrás dado cuenta, pero a nuestra verdadera guerra de independencia, esa que se ganó en Santa Rosa y Rivas allá por 1856, a esa independencia conquistada a sangre y fuego, le han ido bajando el volumen. Nos han cambiado la tea que expulsa filibusteros por un inofensivo farol de colores.
La realidad es que para que hoy podamos decir que somos un país independiente, tuvo que morir más del diez por ciento de nuestra población. Y esa sangre es la que hoy nos convoca a derrotar las malsanas intenciones del gobierno de Laura Fernández y de sus jefes en el Departamento de Estado.
Quienes se arrodillan ante el águila calva no son patriotas, son sirvientes. Mercenarios que encarnan la premonición de William Walker: "Lo que no consiguieron los fusiles, lo conseguirán los dólares". Y ya nos pusieron sobre aviso: intentarán poner bases militares de los Estados Unidos en Costa Rica. Laura Virginia, la del águila calva, la que no sabemos si es ministra, presidenta, empleada de la embajada gringa o todas al mismo tiempo, declaró con desparpajo a la agencia Reuters que sería "muy positivo" que las tropas estadounidenses operen en nuestro suelo. Su asesor, Fabián Silva, ya lo había adelantado desde hace meses: "tenemos que hablar de establecer reformas a la Constitución, establecer acuerdos que nos permitan bases militares" en Limón, Puntarenas y Guanacaste.
No faltará quien diga que es un desliz. Palabras que se dicen, aire caliente, bravuconadas. "¡Somos un país de paz! ¡no tenemos ejército!" Pero no es un desliz. Es un minucioso plan que está en plena en ejecución. Primero, se genera zozobra: el narcotráfico se sale de control, a pesar de la DEA, a pesar del FBI, a pesar del OIJ y del convenio de Patrullaje Conjunto, y de los miles de policías formados al calor de los militares gringos, chilenos o colombianos. Al mismo tiempo se moldea la opinión pública, se satura la agenda mediática con sangre, extradiciones, violencia, acusaciones mutuas, amenazas de estado de excepción y mega cárcel. Después se prepara el terreno legislativo: se cabildea en el Congreso con la derecha de siempre, se exploran en lo oscuro las posibles reformas constitucionales "necesarias", y se va sembrando la idea de que no hay alternativa, de que al ejército gringo se le pueden poner límites y controles. Y al final, se pide abiertamente la presencia militar extranjera y las bases en nuestro territorio. O se reciben, cual generoso regalo de Marco Rubio y Donald Trump.
Es el mismo guion que ya se aplicó en Colombia y Ecuador, envuelto en el celofán de la "lucha contra el crimen, contra el narco, contra el terrorismo", que termina siendo siempre una lucha contra el enemigo interno, es decir contra el zurdo, el que discrepa o disiente. Pura y dura Doctrina de Seguridad Nacional reciclada. Y el gobierno Chaves-Fernández ni siquiera se molesta en disimular. El Escudo de las Américas avanza en América Latina, país por país, policía por policía. Usando la metáfora de la rana hervida: el agua se calienta.

Costa Rica no necesita ni militares disfrazados de policía ni militares extranjeros en nuestro territorio, sencillamente porque la militarización no resuelve los problemas de inseguridad. Nunca los ha resuelto. La policía costarricense, entrenada por militares, no va a entrar a los barrios de los ricos a perseguir a los banqueros evasores. Ni va a allanar las casas de los gerentes de las transnacionales que hacen clavos de oro y reportan cero utilidades. Ni va a encarcelar a los criminales que privatizan la Caja y la educación, o recortan el dinero para los CENCINAI y los bonos de vivienda. La militarización al estilo Bukele no es justicia, es venganza clasista contra los pobres, contra los jóvenes de los barrios, contra los que siempre cargan con la culpa de la desigualdad que el capital genera.
Nuestros problemas no se arreglan con marines ni con bases militares. Se arreglan con justicia social y prevención: que los grandes evasores paguen lo que se roban, que haya trabajo digno, comida en cada mesa, niñez y adolescencia practicando deporte, arte y cultura en los barrios, presupuesto decente para la educación, que le paguen a la Caja todo lo que le deben. Se arreglan recuperando el espíritu de Juanito Mora y de Pancha Carrasco, construyendo un modelo de país distinto al neoliberal.
Ante las graves amenazas que se han echado a andar, la única forma de evitar que se materialicen es organizándonos y actuando colectivamente. Es necesario despertar a nuestra gente. Compartir, dar like, repostear está bien, pero no alcanza. Hay que poner el cuerpo, hablar con la gente, presionar a los diputados, charlar con vecinos, visitar sindicatos y grupos organizados de estudiantes, salir de las pantallas.
O reaccionamos ahora, o nos volverán colonia. Y esta vez sin disparos. Solo con algoritmos, corrección política, dólares y obediencia.


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