¿La democracia está en juego?
- Luis Fonsagui

- Jan 25
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En pocos días se llevarán a cabo las elecciones nacionales en Costa Rica. Y en la víspera ha corrido el rumor de que lo que se juega en esta elección es la democracia misma. Pero, ¿esto realmente es así?
Quizá lo primero que es importante señalar es que detrás de esa alarma, lo que se implica es que la continuidad del rodriguismo amenaza la estabilidad democrática del país. Así, lo que sería una victoria democrática de Laura Fernández, sería dañina para la democracia.
La contradicción es evidente. ¿Cómo, si la democracia se entiende como la decisión de la mayoría, del pueblo, entonces una victoria democrática sería una amenaza para la propia democracia? Aceptar esa afirmación significaría aceptar que nuestra democracia trae en sus entrañas el germen para su propia destrucción. Cosa que no acaba de tener sentido.
Otra opción que tenemos es refinar nuestro concepto de democracia. ¿Qué es lo que, quienes dicen defender la democracia, defienden mientras adversan lo que parece ser la voluntad de la mayoría?
Un paréntesis: el punto acá no es dar por ganadora a Laura Fernández antes de tiempo. Sino en todo caso poner la tilde en su popularidad. Y es que mientras la vasta mayoría de los votantes de Laura van a votar por la idea de la continuidad, la base votante del resto de partidos es menos consistente. O incluso, vota más en contra de la continuidad, que por un proyecto político definido.
Quienes dicen defender la democracia, incluso defendiendola frente a lo que sería una decisión democrática, lo que defienden en realidad es la institucionalidad dentro de la cual ha operado la democracia. Acá quiero ser claro con lo que intento decir: no existe cosa tal como “institucionalidad democrática”; existe cultura democrática y se puede desgastar.

La institucionalidad, tal como ha mostrado Rodrigo Chaves, y tal como han mostrado gobernantes como Bukele, Milei o Noboa, no sirve para asegurar la democracia. Basta con que el gobernante electo popular y democráticamente lo decida, para agotar rápidamente esas instituciones.
Tal parece, así, que quienes dicen defender la democracia se equivocan en su análisis si lo que defienden en el fondo es el orden de las instituciones. La defensa democrática debe pasar por otro lugar. La verdadera democracia es lo que ocurre cuando los pueblos participan de la política.
Y es que habría que preguntar, ¿cómo llegamos hasta acá? La respuesta es sencilla: llegamos hasta acá por el fracaso de las instituciones que los supuestos defensores de la democracia, en el fondo, siguen defendiendo. Quienes apoyan hoy el continuismo, evidentemente, no se identifican con la defensa de esas instituciones, pero ¿por qué? ¿Será porque no saben o no entienden? ¿O será más bien porque han conocido lo que es estar al margen de esas instituciones, sin trabajo, sin salud, sin vivienda, sin educación, y sin que nunca su voto se haya reflejado en la mejora de sus condiciones de vida? Nos inclinamos por la segunda opción.
Así, decimos hoy que la democracia no está en juego. La cultura democrática costarricense se desgastó hace mucho. Se desgastó por falta de soluciones. Se desgastó por un Memorandum del miedo y por represión. Así, nuestro reto no es defender la democracia, sino construir democracia. Poner los esfuerzos de nuestra actividad política en politizar cada espacio. En politizar a la gente. Y que nos involucremos, que organicemos. Lo que realmente queremos quienes defendemos la democracia, no es defender lo que ha existido, sino imaginar otro futuro y transformar la realidad.



