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LA OPOSICIÓN UNIFICADA, UNA CAMPAÑA FALLIDA Y LA IZQUIERDA

  • Writer: Luis Fonsagui
    Luis Fonsagui
  • 5 days ago
  • 6 min read
Simpatizante del Partido Liberación Nacional en las afueras de un centro de votación el 1 de febrero de 2026.           Fotografía: Allan Barboza-Leitón | Colectivo de Comunicación LaKanaya.
Simpatizante del Partido Liberación Nacional en las afueras de un centro de votación el 1 de febrero de 2026. Fotografía: Allan Barboza-Leitón | Colectivo de Comunicación LaKanaya.

El trinomio del progresismo se condensó en un impredecible símbolo de la oposición: las banderas de Liberación Nacional, la Coalición Agenda Ciudadana y el Frente Amplio convertidas en una sola bandera. Juntas en vehículos, en stickers, atadas a un solo palo o entremezcladas en grupos de personas que sin embargo, defendían una misma idea.


Hubo así una unión entre el símbolo y la idea detrás del símbolo: una consigna de rechazo a Rodrigo Chaves, a la continuidad, a Laura Fernández y lo que representan para mucha gente. Así, la oposición no llegó a prometer nada bueno, pero prometió evitar todo lo malo, y el discurso giró alrededor de destacar cada cual no ser Rodrigo Chaves.


Este discurso, el tiempo nos dió la razón, siempre fue un discurso fracasado. Un discurso sin proyección de proyecto político y con un caudal electoral limitado. Que terminó por beneficiar causalmente a Liberación Nacional. 


Esta característica que cada candidatura de la oposición buscaba destacar (no ser Rodrigo Chaves) conseguía hacerse notoria en una frase que fue pronunciada en distintas formas: estoy de acuerdo, o, estoy abierto al diálogo, o, coincido con lo que plantea. Esto es interesante porque de hecho, estas frases conciliadoras son la antítesis de lo que es Rodrigo Chaves. 


Pero si una persona indecisa tiene al frente tres opciones que no se diferencian entre sí, los criterios que esa  persona aplique para definir su voto estarán definitivamente fuera del candidato. La capacidad de una campaña de que no se diferencia, de incidir para conseguir votos a su favor es casi nula. El favorecimiento del PLN en esta circunstancia parece indicar que la decisión fue de conveniencia, de utilidad y de miedo. Muy a pesar de la campaña “vote sin miedo” de Ariel Robles. 


Un resultado también llamativo es el resultado legislativo del FA. Y es que mientras Ariel Robles no logró generar confianza en su capacidad (bien de gobernar o bien de poder ganar en una segunda ronda), su bancada y aún más, su voto legislativo, crecieron. A mi criterio este es un resultado casual, de la campaña de oposición unificada. Probablemente relacionado también con la “marca” del partido Frente Amplio como oposición eficiente. El fracaso mas contundente y vergonzoso ha de ser el de Claudia Dobles, quien habiendo tenido una de las campañas más caras alcanza apenas un poco más de votos que Ariel Robles para la presidencia, y obtiene solo su propia diputació"n.



El "Trinomio Progresista". Fotografía: Allan Barboza-Leitón | Colectivo de Comunicación LaKanaya.
El "Trinomio Progresista". Fotografía: Allan Barboza-Leitón | Colectivo de Comunicación LaKanaya.

Si tal como parece ser, el objetivo de las distintas campañas era pasar a una segunda ronda, utilizando el vehículo del discurso de la oposición unificada, resulta evidente que fracasaron. ¿Pero, de dónde surgió ese vehículo?


Ciertamente este es un discurso que surge en esta coyuntura. No obstante, resulta evidente que no surge de forma espontánea, sino que consigue masificarse por medio de las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. Un ejemplo de esto es la campaña de redes llevada a cabo por Juanbacaminando y Mía Fink (quien luego daría su adhesión abierta a Claudia Dobles). Dos figuras públicas de redes sociales que fabricaron una campaña señalando todas las coincidencias que supuestamente podía  encontrarse en los planes de gobierno del PLN, el CAC y el FA. Esto para una audiencia de más de 60.000 personas. Dibujando así lo que sería en buena medida el marco de lo aceptable para un sector joven, progresista y con algún nivel educativo. 


Este discurso sería luego reproducido por cientos de personas y posicionado de manera más casual por parte de figuras como Paula Monge, por ejemplo. Así el discurso llegó a calar incluso entre partidarios de uno u otro color.


Pero acá el rol de los medios de comunicación tradicionales no es secundario. El llamado Anti-debate fue uno de los eventos, en esta línea, más significativos. Y es ahí donde se cristalizó lo que antes podía parecer solo una iniciativa en redes. El Anti-debate dispuso a las candidaturas potables para el progresismo, alrededor de una mesa, con lo que parecía un juego de cartas. El formato procuró exaltar el hecho de que las diferencias eran nimiedades, preguntando por equipos de fútbol o sabores de helado. A la vez planteaba preguntas para que coincidieran en lo fundamental: cosas como el respeto a las garantías individuales. De más está decir que eso no debería leerse como fundamental, sino como obvio y mínimo. En cualquier caso, la buena actitud de los 4 participantes consolidó el discurso. “Defensa de la democracia”, “defensa de las instituciones”, “conciliación ante todo”, etc.


El problema aquí es conceptual: ¿Cuál democracia se defiende? ¿Cuáles instituciones? ¿Cómo? ¿Conciliar con quién y por qué? Y es que aunque Ariel Robles y Juan Carlos Hidalgo pudieran decir coincidir en la defensa de la seguridad social, mientras alguien como JCH defendería la tercerización de servicios, un partido como el FA defendería más bien un modelo de inversión institucional. Es decir, no son lo mismo. Esto por poner un ejemplo, pero es así en la vasta mayoría de temas, y así, no resulta razonable fingir cercanía, menos aún para la izquierda. No le sirve a la izquierda ni para la profundización de su proyecto ni para su crecimiento electoral.


A este punto podemos afirmar que hubo una construcción discursiva que unificó a la oposición, la cual luego se vio representada en un símbolo que es la unión de las banderas. Pero cabe preguntar, ¿Por qué esas banderas? ¿Por qué esos partidos políticos y no otros? Y quizá aún más cabe preguntarse, cómo el partido de la izquierda consiguió ganarse el beneplácito de los medios de la oligarquía nacional, o si acaso eso es algo bueno.


Las causas han de ser variadas. Podemos mencionar que esos partidos seguían a Laura Fernandez en las encuestas. Sin embargo, también está el hecho de que, a nivel de encuestas, ninguno de esos partidos prácticamente creció durante la campaña- También el recuerdo de que en el 2014, cuando el Frente Amplio se mostraba en el primer lugar en las encuestas, el director de La Nación decidió no publicar esos resultados. Entonces, aunque las encuestas pudieran parecer un criterio justo, hay que recordar que la oligarquía no actúa jamás por justicia, sino por intereses.


Una votante busca su nombre en el padrón de su centro de votación, el 1 de febrero de 2026. Fotografía: Allan Barboza-Leitón | Colectivo de Comunicación LaKanaya.
Una votante busca su nombre en el padrón de su centro de votación, el 1 de febrero de 2026. Fotografía: Allan Barboza-Leitón | Colectivo de Comunicación LaKanaya.

Podemos preguntarnos entonces qué papel juegan el PLN y el CAC en esta tríada. Mientras el PLN es el partido fundador de la segunda república, casa de las viejas élites; el CAC es la tecnocracia, una clase media ilustrada, que en su momento se desprendió  de Liberación Nacional y fue asimilada por la lógica de las ONG. Ambos partidos han mostrado, en un sentido técnico, su capacidad material para gobernar; capacidad que, mientras tanto, los medios de comunicación han dicho que el Frente Amplio no tiene. El Frente Amplio resulta ahí solo un apéndice moral. Es una izquierda que coyunturalmente le resulta inofensiva a las viejas oligarquías y que, en cambio, en el discurso aporta como un partido limpio, honesto y de convicciones.


El Frente Amplio, que en la práctica renunció a la disputa del relato, recibe el premio de consolación de ser el furgón de cola de la oposición. Celebra como victoria ser la tercera fuerza política en un parlamento que, por disposición ideológica solo tiene tres fuerzas políticas: la extrema derecha, la derecha y el Frente Amplio. 


En cualquier caso, hay que decir que la consolidación de este símbolo de las 3 banderas consiguió darle la razón a Rodrigo Chaves, que durante toda su administración promovió el discurso de que Liberación Nacional y el Frente Amplio eran lo mismo.


En medio de eso, la extrema derecha se consolida en el discurso como la única alternativa transformadora del estado actual de las cosas- La triada progresista es el síntoma de una oposición sin pueblo. La imagen de quienes aspiran a administrar el orden mostrada a gente que nunca se benefició del orden.


A pesar de esto, la imagen de las banderas juntas, de la oposición unificada, que fue un lastre electoral para la izquierda, puede transformarse en la oportunidad para destacar su diferencia durante el próximo periodo.


Rodrigo Chaves declaró públicamente estar analizando cuáles de las diputaciones de la próxima fracción liberacionista podrían reclutar. Así el oficialismo revela que sabe que comparte una escencia con la política tradicional. El deber y la táctica de la izquierda en ese escenario debe ser demostrar en la práctica que la política tradicional de la oligarquía, el progresismo ilustrado de la aristocracia institucional y la política de interés trasnacional son todas dañinas para el pueblo. La izquierda debe dejar claro que su proyecto político es otro, y es el único en el cual, en el siglo XXI, hace viable la vida. 


Luis Fonsagui. Filósofo, analista político y cofundador del Colectivo de Comunicación LaKanaya.






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