RESUELTO
- Sergio Erick Ardon

- 4 days ago
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Hoy me preguntaron por quien votaría. La pregunta, hecha con toda la buena fe del caso, me permitió organizar mis ideas. No voy a votar. Haciéndolo hago caso a mi consciencia, que tiene asidero en la experiencia. No voy a repetir los errores cometidos en ocasiones anteriores de caer en las redes del catastrofismo. Una victoria del chavismo no va a significar otra cosa que una continuidad del neoliberalismo grosero que hemos tenido.
Como ese neoliberalismo no nos vino del cielo ni tampoco del infierno, cierto es que es consecuencia y producto de los muchos pecados cometidos por los gobiernos que lo precedieron, todos a su vez neoliberales, diferenciados por matices. El hartazgo de la gente frente a las corruptelas y el ventajismo, ante el debilitamiento generalizado de un sistema ya obsoleto, nos tiene en este trance, que no es terminal.
No hay en el actual escenario electoral fuerza alguna que proponga lo que hace falta y que logre arrebatar al chavismo sus banderas disque "saneadoras". No se levanta una propuesta rupturista con lo tanto que debe ser superado del pasado. Todas son tibias criticas y no hay sinceridad en los mea-culpa. Por tanto las escogencias no son atractivas ni capaces de interesar y movilizar a la gente, aturdida, desengañada y confundida.
Al chavismo no se le derrota insultando a quienes han visto en el una salida. La consciencia cívica del país está en los suelos y eso tampoco es algo venido del cielo. No son los responsables de esta amarga verdad quienes puedan representar cambios significativos. Si bien el Frente Amplio no comparte esas responsabilidades, su deriva no convence. Es tibia y termina siendo confusa y demasiado integrada en el sistema. La visión que de la situación de lucha contra la dominación imperial tiene es titubeante y falta de perspectiva. Ha hecho y hace concesiones marcadas por el oportunismo electorero.
Así las cosas, no votar es la forma más consistente y coherente de decir no a todo lo que se nos ofrece, y de sentar las bases para el debate necesario, y la construcción de una fuerza rupturista que se proponga una democracia superada y la defensa sin concesiones de la soberanía. Al no haber alternativa con esas características, y no haciendo caso a la visión catastrofista, que se levanta como exigencia y tabla salvadora, lo coherente es no votar. Eso es lo que ante la pregunta de esta tarde, sin hacer drama, concluí.
[Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de LKNY]



